Hace unos días publiqué mi relato de la ascención a la cumbre de España El Teide (3718), aquí os dejo con el relato de Carolina Morales:
Luego de permanecer casi atrapados en la isla por inclementes condiciones climáticas, estuvimos a punto de pasar la página, sin lograr nuestro propósito: la aventura de subir el Teide desde la Playa el Socorro por su cara norte.
Eran las 6 AM, cuando emprendimos el ascenso, desde el nivel del mar, sorteando callejuelas que más bien pensaba, me llevarían al cielo, atravesamos el barrio de Tigaiga, eran nuestros primeros 292 metros con todo, sin tiempo de calentar motores, o mejor aún, prepárense, porque lo que viene no da tregua!
Vamos adentrándonos en la oscuridad de la madrugada, ascendiendo por caminos pedregosos y empinados, de pronto el ladrido feroz y los candiles en la oscuridad de unos perros hace acelerar mi corazón y mis pasos, dejando detrás al grupo, vaya susto!
Aparecen los primeros rayos del sol y a lo alto vemos las antenas del Mirador de la Corona a 757m, comienza a bifurcarse el camino, el cual previamente estudiado, ascenderíamos por los senderos más empinados, el olor a madera de pino recién talada perfuma el aire, haciendo que mis sentidos se distraigan ante tanta belleza junta, a nuestro alrededor pinares y a través de ellos, comienza a asomarse la majestuosidad del Teide, imponente… lejos, muy lejos.

Una breve parada y una piedra volcánica hace de banco-mesa, para comernos nuestros primeros bocadillos con sabor a gloria. Retomamos el ritmo constante de la caminata, separados por unos metros, cada quien a su ritmo, avanzamos bordeando el Valle de la Orotava, ante tanta preciosidad de paisaje, poco me recuerdo de los casi 10k entre los cuales 4.5litros de agua que llevaba mi espalda, respiración y paso constante mi consigna , y adelante muy lejos, no dejo de verle ni un momento, alternando la mirada con el suelo, el camino no deja de ser agreste y empedrado repleto de restos de espuma de lava y piedra pómez, llegamos a una pequeña ermita situada detrás de La Fortaleza, en su interior, la Virgen de la Candelaria patrona de estas tierras, una plegaria y unas fotos para el recuerdo , seguimos, apurados cada vez más cerca del Llano de las Brujas, descendemos y quedo perpleja ante el Circo que nos rodea un desierto de arena volcánica pulverizada heredado quien sabe de cuantos años, este llano interminable nos permite descansar un poco las piernas y acelerar el paso, por momentos mis piernas con memoria, casi olvidan bajar y se desbocan descoordinadas como marionetas, esto no durará mucho tiempo, poco a poco comienza a inclinarse el terreno y entramos en un laberinto de hermosas gigantescas piedras volcánicas negras, curiosamente nos dejamos llevar guiados por caminos bordeados cuidadosamente de piedras colocadas adrede por visitantes del mundo, buscamos un sitio privilegiado a lo alto que nos sirva de segunda parada para comer, unos súper bocadillos de lomo, sentados ante un imponente panorama, un circo de montañas con paredes rocosas, siento un placer inmenso ante este monumento de la Madre Naturaleza, lleno de misticismo y devoción, un no se que , me invade, un sentimiento de integración con esta maravilla de Dios y del Universo, percibo sentirme muy a gusto en este sitio, una voz milenaria de lo que existió en este lugar … dejo que acaricie la piel del rostro , aspirando el aire helado de los vientos del norte , me dejo llevar , inmortalizando momentos que quedarán tatuados en mi alma y en mis sentidos.
 Ermita con la Virgen de la Candelaria
 Llano de las Brujas, al fondo el Teide
Cae la tarde y con ella a nuestra izquierda por el Norte, comienza a bajar una espesa niebla, fluyendo por el Llano de las Brujas , retomamos el ritmo, la temperatura se siente descender y apuramos el paso, para entrar a la Montaña Blanca, seguidamente llegamos a la base del Teide, a 2400m , son los 870m más agrestes y duros, saco las últimas reservas, power gels, dátiles, chocolate, glucosa, y compota, serán cuidadosamente distribuidos en pequeñas dosis para que no aparezca la pájara, nos tropezamos en el camino con carteles ilustrativos identificando la topografía del recorrido, hechos años atrás por nuestro compañero, amigo y experto en alta montaña, Alfredo Merino. No hay tiempo de parar, lo que queremos es llegar y rápido, me concentro en mantener un paso constante, ya mi mochila pesa 4.5 l menos, que fueron distribuidos gentilmente en otras espaldas con más experiencia, sin embargo faltando escasos 100m para llegar al refugio, siento aparecer estrellitas y no precisamente de la noche, por orgullo no había aceptado la ayuda para prescindir de mi mochila, pensaba, tengo que llegar con ella a cuestas, si no, no tendría sentido, por un momento siento que voy a desmayar, cuando decididamente Claudio, uno de los compañeros me dice que por orgullo no pondremos en riesgo la seguridad , la retira de mi espalda, acepto a regañadientes, de inmediato vuelvo en mi, gracias a una pastilla de glucosa que hace efecto al instante, ahora si, la ampolla del pié y el dolor en los lumbares se hacen pequeños, nos cruzamos con mucha gente en el camino, bajando y subiendo, y hasta niños que subían casi corriendo, que barbaridad ! pensaba, y es que hay muchas rutas para subir, entre las cuales el Teleférico a escasos 500m del refugio… Llevamos casi 13 hs caminando ininterrumpidamente, sentimos que casi se nos agotan las fuerzas, no quiero voltear, quiero esperar llegar y sorprenderme de tan maravilloso escenario, pienso apurar el paso, antes que la niebla a nuestras espaldas cubra con su espesor la inmensidad de aquel espectáculo, cuando escuchamos gritar, refugiooo ! no sé de dónde, pero como un último respiro, corro cuesta arriba hasta llegar al refugio Altavista a 3270m , como pequeños saltamos de alegría, no puedo evitar derramar con mucho sentimiento unas lágrimas contenidas de la emoción, de haber llegado, todo es posible cuando se hace por convicción, vemos al sur a eso de las 18:00h , parte de la sombra del Volcán reflejado en las nubes sobre el mar, como un anticipo de lo que veremos a la mañana siguiente, cuando coronemos la cumbre del Teide.

Entramos al refugio para calentarnos y hacer estiramientos, esto hace que nos sintamos reconfortados y renovados, chocolate caliente y a regular temperaturas, mientras, esperamos nuestra ubicación, gentilmente unos chicos nos ofrecen medio vaso con Amaretto, el que es compartido por el grupo, nos reunimos cerca de una estufa que caliente nuestros pies helados, y absortos vemos con desgano el “ fabuloso” menú, concentrado en latas, fabada, albóndigas y salchichas, toda una bomba para nuestros estómagos vacíos y hambrientos, me decido por las albóndigas y un trocito de pan duro, hay que adaptarse a lo que hay, y no perecer en el intento, así que conduzco mentalmente mis papilas, hacia una degustación momentánea y nada, pensar que es parte de la aventura y como tal se recibe con ganas !

5:00 AM igual como llegamos, pasamos la noche acurrucados del frío, en el refugio, a levantarse, chocolate caliente doble, prender las linternas y seguir el último tramo de 448m, decenas de lucecitas cual luciérnagas, guían el camino, esta vez sin dolores en los pies, casi corremos cuesta arriba muy empinado nos adentramos en el hielo del final del trayecto, los fuertes vientos de 80 a 90k/h hacen que vayamos cuidadosamente agarrados de las piedras filosas volcánicas, donde por momentos siento que peso muy poco , al escuchar latir con fuerza ráfagas de viento como latigazos contra el borde del Volcán , subimos los últimos metros agarrados de cadenas de protección, respirando vapores de azufre, un Volcán descansando… Muy rápido sin pensarlo mucho, la foto de rigor con la sombra del Teide proyectada a nuestra espalda, por la cara norte , se ve claramente reflejada, imponente, simétrica , en el lecho de nubes, me invaden sensaciones diversas inexplicables y como relató Jorge Chueca Blasco, en su editorial, de Barrabes.com, refiriéndose a uno de los más grandes montañeros Españoles de este siglo , Andrés Espinosa Etxevarria, “….su acercamiento en solitario a las grandes montañas está más relacionado con una búsqueda interior que con una mera aventura…” y de esta manera veo terminar con éxito mi segundo ascenso , El Almanzor me enamoró, y de la mano del espíritu de aventura que se siente al estar en las alturas, sentí la voz inexplicable de la montaña, un aura especial y místico de respeto y de ganas de volver , me hace pensar en el deseo de explorar nuevos horizontes, de ir acumulando experiencias, que reconfortan el alma, que hacen que valoremos la sencillez de la vida , el verdadero sentido de vivir.

Carolina Morales http://www.carolinamorales.com/
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